que ni soñó la mano,
feliz de resolver
una sorpresa en acto
I
estoy en silencio a tu espalda
y no quisiera que ninguna palabra
ocupara el lugar de mis brazos.
Permanece quieto, te pienso
mientras mis manos inician
con suave movimiento
el sinuoso baile que recorrerá tu cuerpo:
por cada palabra que nos constituye
un racimo hundido en ti
dibujará tu piel erizada.
Permanece así, te pienso
II
Encuentro simas en este lugar
que en silencio mi lengua,
perdida en salados linos,
de mar, saborea.
Tu carne me aproxima a tu carne,
mi mano se hace algodón en tus bosques
y tú estás dormido,
o me complaces con el engaño
de hacerme creer que duermes.
Sellar tus ojos con mis labios
empujar un índice al inmenso horizonte
del sexo que aproxima mi sexo
de la mano que acaricia tu lago,
piel de agua que es tuya,
y allá, aquí, como esponja empapada
piel de agua que es mía.
Al igual que en tantos instantes,
ya azulada la oscuridad,
la marisma nos halla,
el huracán nos transporta,
se abre de par en par la puerta sin tiempo.
IV
Porque ya nunca
volveremos a ser lo que fuimos,
y por esto que seguimos siendo,
agradezco a la luz, al instante,
a esta oportunidad que de nuevo me brindan,
que no me mires, que sí te dejes
que no me escuches, que sí te olvides
y que permanezcas, en dulce quietud,
de espaldas.
