miércoles, 13 de junio de 2007

Cuento de verano: 6ª parte

Hacía calor, posiblemente era verano. No, no lo recuerdo señor inspector. Le juro que ni siquiera recuerdo a qué hora mis pies dejaron de ser míos. Por más que lo intento, señor, no logro recordar a qué hora exacta mis pisadas empezaron a avanzar ante mis pasos..................... (Aloia)

Estaba absorto dentro de mi cabeza. Todo se había borrado de mi conciencia. Señor, le pido que no me ataque tan cobardemente y con tanta saña, hago lo que puedo para intentar resetear mi cerebro aletargado. No se porqué pone esa cara tan larga, como de desprecio. Soy buena persona, no creo que haya hecho nada malo, ¿verdad? Si es así, seguro que no fue culpa mia, fue la humedad que habita en mi alma....... (Hôichi)

Pero qué hablas chalado, que las pisadas avanzan ante los pasos y que tienes húmeda el alma, no será que TUS pasos humedos avanzan SOBRE mi alma pisada. Que me tienes atrapada, puerca apariencia, que tu aliento de vaho me repele cada día con más fuerza, que tus desvaríos me aburren, aquí no hay inspector ni nadie te está mirando, sólo estamos yo y tu yo. (raull)

"-Tu yo y Yo en el calor insoportable de este largo y pastoso verano. ¿Estás ahí,? Ok. Tengo la tele puesta y el ventilador entre las piernas.
Dime, ¿qué haces?
-Abría ahora mismo una lata de cerveza...y me he cortado, me cae un hilo de sangre entre los dedos al que le pego ...hmmm...slapsss... un lenguetazo... vaya, acabo de decorar nuestra foto en Arles con tres manchas rojas.
-Habrán quedado bien al menos, píntame la falda, que era blanca.
-Te acabas de teñir el pelo, un muslo, y haces juego con el suelo.
-Siempre imaginé esa tierra roja, la verdad...y los girasoles como orejas..." (Pilar)

Creo que voy a follarte ahora mismo. Sabes que siempre me ha puesto a cien tu pelo enmarañado y el olor a sangre fresca. No te limpies, no mancilles ese plasma tan puro con tu pulcra mirada.
Este no era nuestro juego, pero siempre consigues conquistarme con tu perversa e inocente palabra. Se desposeyeron de todas sus ataduras, yacieron en el humeante y rasposo suelo, donde consumieron su sed de cuerpo lascivo. Él siempre supo que estaban hechos el uno para el otro. A pesar de todas las paranoias que sus mentes inventaban para no convertirse en unos vegetales vírgenes de vitalidad inmunda. A continuación sobrevino el gemido, tan abrupto y violento como un rugido. Lo siguiente que acaeció, devino oscuridad inducida por el dolor placentero. (Hôichi)

Pulso pausa. Paso a plano general. Reenfoco la escena: salón-comedor, sofá tela raída, televisión silenciada l culebrón de turno, portezuelas de las ventanas-balcón semicerradas, con persiana de esterilla echada para evitar entre el sol en Julio Corriente. Centro la escena, mi cuerpo. Tendido en el suelo, restos de semen en las baldosas respiran mi sudor y la mala conciencia ha dejado una mancha en una de las losetas de barro que no va a haber manera de sacar… Me incorporo, pero antes de colocarme las lentillas de ser culturado en judeo-cristianismo me coloco debajo el ventilador… qué fresquito en los cojones. ¡Ya! Me calzo la falda… ¿o eran los pantalones? (raull)

6 comentarios:

raull dijo...

No he podido evitarlo...

raull dijo...

Mi último desvarío de la noche... estoy oyendo Smashing Pumpkins desde mi ventana... y los vi en concierto hace dos semanas en Barcelona... joder... yo quiero estar allí... desde mi casa se oye!!!!!! me cago en ...

Bueno, ya esta bien de desvaríos, que Hôichi y Aloia se van a asustar, jajaja.

Aloia dijo...

Asustar???Al contrario, este rincón me alegra el día!!jajaja..
Menudo giro inesperado del cuento...tendré que seguir pensando....

Hôichi dijo...

muy bueno, me ha gustado jejejee

Pilar M Clares dijo...

Sortudo, desde la ventana, qué bien, tiene ese su encanto. Bueno...esto empieza a marchar. La cosa es retomarlo ¿por dóóóóonnndeee?
Me lo pienso
Besos

Pilar M Clares dijo...

Debían ser mis pasos y debía ser verano señor inspector,sí, esa mancha, la loseta ensangrentada, la falda blanca que hacía unos instantes besaba y abrazaba, mojaba entre sudor y semen, esa que escondía entre los muslos unos momentos antes, colgaba del televisor como antesala para el gran espectáculo de mirarla de nuevo, ajena, insinuante, lánguida.

...tengo sed, necesito algo de beber...un cigarrillo...

Entró de golpe una bocanada de viento como si una nube de tormenta hubiese tomado aquel lugar de improviso, y miré hacia atrás asustado, a ciegas tanteé intentando recoger los pantalones, algo me decía que en cualquier momento tendría que salir corriendo. De refilón, otra vez ella y la insinuación. Esa imagen. Casi a la vez, sin darme cuenta... ¿fue antes o después? ...no sé, señor inspector, entonces oí aquellas palabras muy cerca de mi oído.